Frente a él había una desvencijada y oxidada verja, la cual pasaba desapercibida en aquel viejo y abandonado barrio de la ciudad. Aquella casa no tenía nada particular, dos plantas y un pequeño jardín delante, parecía igual a todas las de la calle. No obstante, él sabía que ese era el sitio.

Sin apenas resistencia, al posar sus temblorosos dedos sobre la verja, se abrió produciendo un perturbador sonido, que hizo que le trajeran a la memoria unos recuerdos que creía olvidados. Durante unos segundos permaneció de pie en la acera, frente aquel temible lugar. Había recorrido un largo camino, enfrentándose a innumerables peligros, pero ahora dudaba a lo que podría encontrarse. Finalmente, el miedo a ser descubierto allí lo llevaron a entrar en el jardín. Nunca se sabía quién o qué podría estar observándolo desde la oscuridad que se percibía al otro lado de aquellas ventanas.   

            Con pasos rápidos cruzó el corredor que conducía hasta la puerta de la casa. En su camino dejó atrás el esqueleto de diversas plantas y arbustos, como prueba de que un día había habido vida en aquel terreno. A pesar del corto trayecto, la distancia hasta la entrada de la casa se le hizo eterna. Una vez frente a la puerta, lo normal para todo persona hubiese sido detenerse y prepararse para el nuevo desafío con el que se iba a enfrentar. Pero él no era alguien normal, así que posó su mano sobre el picaporte. Tal y como pensaba estaba abierto, quien iba a estar tan loco para querer entrar allí. La puerta se abrió silenciosamente y él penetró en aquella casa de la cual una parte de él jamás saldría.
FIN